Tres cosas por las que Jesús murió
Tres cosas por las que Jesús murió
Nosotros solemos recordar a Jesús como el niño del pesebre, pero no se quedó en el pesebre, Él tenía que nacer, pero venía con el fin de morir.
Cuando Jesús nació en Belén, lo hizo en un pesebre, no porque sus padres terrenales tenían la intención de hacer nacer a su hijo entre animales, sino porque no se encontró lugar en el mesón. Jesús nació en un pesebre, pero Jesús no está ahora en el pesebre, está en un trono.
La primera cosa por la cual Jesús dio su vida por nosotros está en Efesios 2:8 donde dice: “Por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios no por obra para que nadie se gloríe”. La salvación es un regalo de Dios, que no se consigue por obras, sino por la fe en el Hijo de Dios.
Algunas veces nosotros nos equivocamos y creemos que haciéndole una buena obra a alguien, Dios nos perdona el pecado que contra Él cometimos. Pero eso es como que si yo cometa un pecado contra mi esposa y le vaya a dejar un regalo a la vecina, y espere que por eso mi esposa me perdone. Debemos aprender a arreglar cuentas con quien las tenemos. Es contra Dios que todos hemos pecado, y ante Él debemos pedir perdón.
La primera cosa por la que Jesús vino es para perdonar nuestros pecados, y lo hizo dando su vida voluntariamente en la cruz del calvario. Él fue muy claro declarando lo siguiente: “Nadie me quita la vida, yo la pongo”. Eso es autoridad. Recibimos a Jesús en nuestro corazón para ser salvos. Pero somos salvos, no perfectos, porque no nos salvamos nosotros mismos, nos salva el Señor. ¿Qué es ser salvo por alguien más? Es como si tú vas en un barco y de pronto caes al agua y no sabes nadar, te vas ahogar; pero de pronto ves que alguien se lanza con un salvavidas y te saca. Pero no te salvaste tú mismo, te salvó alguien más. Por eso Jesús se llama Salvador, porque estando nosotros muertos en nuestros pecados, Él vino para salvarnos.
La Palabra dice que Él llevó nuestros pecados sobre el madero en su cuerpo. Si Él llevó tus pecados, es para que tú no los lleves, y por su sangre somos limpios.
Anteriormente vimos que la salvación es la primera razón por la cual Jesús murió. La segunda cosa por la que Jesús pagó el precio es la sanidad, y lo encontramos en 1 Pedro 2:24: “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. Esto quiere decir que uno tiene por motivación para la santidad el agradecimiento de que alguien más ya llevó nuestros pecados. Si Jesús ya llevó la fornicación, no es para que tú forniques; si Él llevó el adulterio, no es para que tú estés fijándote en alguien más. Si Jesús llevó todo ese tipo de pecado en el madero sobre su cuerpo, debe de inspirarte a querer vivir en santidad, porque Él tomó esos pecados siendo santo y justo. Si Jesús ya llevó los pecados en la cruz del calvario, tú no tienes por qué estarlos cometiendo, ya eres libre para no cometerlos. Él pagó el precio de nuestros pecados en la cruz. Tú puedes salir adelante de los pecados. Es la voluntad de Dios sacarte de allí.
La Palabra del Señor dice que: “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:24-25). Es importante entender la segunda cosa por la que Jesús vino. Aquí la Biblia nos dice que por su herida fuimos sanos. Podemos ser sanos por la misma fe que fuimos salvos.
Para ser sano, debes de creerle a Jesús que Él pagó el precio para que un día fuésemos sanos, así como un día le creímos para ser salvos, así también le vamos a creer con todo el corazón para ser sanos de nuestras dolencias y enfermedades.
Jesús murió para que nosotros tuviéramos riqueza también. Esa es la tercera razón por la cual Él murió. No hemos entendido eso ni lo hemos creído de todo corazón. Aceptamos la prosperidad, pero no la hemos deseado, porque la relacionamos con ser avaros y ambiciosos. Pero la riqueza viene de la mano de Dios para sus justos.
La Palabra del Señor dice en 2 Corintios 8:9: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Algunas personas justifican su pobreza diciendo que Jesús fue pobre, pero ¿dónde dice que Jesús fue pobre? La Biblia no dice que Jesús fue pobre, dice que Jesús era rico y se hizo pobre. Las personas dicen que hay que seguir el ejemplo de Jesús siendo pobres, pero seguir el ejemplo de Jesús es hacerse rico primero, y después volverse pobre por amor a alguien. Lo mismo que aquel joven rico al que Jesús le dijo: “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres” (Lucas 18:22). Jesús no vino para dejarnos pobres, Él vino para sacarnos de la pobreza.
Recuérdate que el Diablo viene para robar, matar y destruir, pero Jesús vino para darnos vida, y vida en abundancia. Si bien es cierto, la vida como tal no consiste en los bienes materiales que poseamos. Jesús era rico y se hizo pobre para que nosotros con su pobreza fuéramos enriquecidos.
Cuando tú no te superas, le dices que no a tus estudios y le dices que no a las horas extras que necesitas trabajar para superarte, le estás diciendo a Jesús de forma indirecta que no te importa que se haya hecho pobre porque no vas a hacer nada por obtener la riqueza que te prometió.
Con la misma gracia que Jesús nos salvó y nos sanó, Él nos prospera. Dios nos saca adelante cuando nosotros sacamos todo prejuicio de nuestro corazón y le creemos. Dios quiere prosperarte, acéptalo.
